domingo, 25 de septiembre de 2011

CUARTA TEMPORADA DE "ÁGUILA ROJA"


La serie “Águila Roja” ha vuelto a Televisión Española con grandes datos de audiencia en su recién estrenada cuarta temporada. La producción de Globomedia sigue rompiendo barreras de share, vapuleando a su competencia con solvencia; sin embargo, el salto de audiencia no se ha traducido proporcional ni significativamente en un salto de calidad en las tramas.

Si bien se mantiene más o menos constante ese aspecto de producción cuidada y elegante que tiene casi más de cinematográfico que de televisivo (avalado por su ambientación, por su recreación, y las escenas de acción y esencia de aventura que suele salpicar cada episodio), las tramas están dando síntomas de desgaste y se está apelando al recurso de poner a uno de los protagonistas en peligro de manera más o menos casual (la picadura de una serpiente a Gonzalo, la acusación de violación a Nuño) para en el último momento salvar ese personaje, que por otro lado todos los espectadores sabemos que no va a morir. Este mecanismo puede funcionar bien de vez en cuando, pero no de manera sistemática, ya que el espectador pierde credibilidad en las acciones, y en vez de crear intriga la disipa, tal como está sucediendo en cierta manera con “El barco”. En esta nueva temporada se han olvidado un poco de las intrigas palaciegas (que tan bien había funcionado a mi juicio en la versión cinematográfica que se hizo esta primavera de la serie) para usar el recurso fácil de crear intrigas puntuales y coyunturales. Sí se está viendo un intento por desarrollar características concretas de los personajes, como el debate de lealtades del médico Juan entre dos mujeres (trama que no acaba de cuajar muy bien ya que se está tirando mucho del hilo sin llegar a ninguna parte), el resucitado miedo de Margarita y Alonso por que su padre pase casi todas las noches fuera, o la inminente conversión de niño a hombre de Nuño. El personaje que sigue funcionando como un reloj en su labor de comedia, haciendo las veces de Sancho para Águila Roja, es el de Satur (Javier Gutiérrez), un actor y su encarnación en estado de gracia que no da síntoma de desgaste, y que nos ofrece grandes momentos en cada entrega.

No querría creer que el presupuesto de esta temporada se ha invertido en las incorporaciones de personajes nuevos como el de Manuela Velasco (como futura esposa de Juan, ya sugerida la temporada pasada), Mónica Cruz (en el papel de la mujer del pirata Richard Blake, tras sus recién adquiridas dotes de espadachín haciendo de doble de su hermana en “Piratas del Caribe: En mareas misteriosas”) y Lidia Bosch como un reputado e inquietante miembro de la Iglesia que viene a encargarse de la salud del futuro rey (personaje que se incorpora en el capítulo que se emitirá mañana). Si bien se agradece la presencia sobretodo de esta última y de esta primera, no querría creerlo si esto supone mermar la calidad o el trabajo de las escenas de acción que eran baluarte de la serie, con un gran ejercicio tanto de especialistas como de David Janer, y el recurso bastante elevado de exteriores al que nos tienen acostumbrados. Aunque la mezcla de drama histórico, aventuras, acción y comedia siga funcionando, la serie debería apostar por renovar un poco las tramas y dar más cancha a personajes como el de El Comisario (Francis Lorenzo) – un poco apagado en este inicio de temporada -, el cardenal Mendoza (Jose Ángel Ejido) y el rey (Xavier Elorriaga).

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