domingo, 21 de abril de 2013

CANCELACIÓN DE "CULT"



 La cadena estadounidense CW ha decidido dar por finalizado el recorrido de la serie “Cult” con solamente siete episodios en su haber. Las bajas audiencias, incluso para la cadena de que se trata, han hecho decidirse rápido a los productores de la cadena y no les ha temblado el pulso a la hora de poner punto y final a la ficción. A este respecto, ni siquiera podemos hablar de final ya que en principio no tienen idea de emitir los cinco capítulos grabados que restan para la finalización de la primera temporada.

Entre los factores que han hecho de esta serie un producto fallido encontramos que sobretodo y como primer elemento les ha jugado muy en contra unas interpretaciones protagonistas bastante limitadas, concretamente en el caso de Jeff (Matthew Davis) y Skye (Jessica Lucas), que no atesoraban ninguna química juntos pero tampoco han sido capaces de dar algo más de sí mismos para sufragar lo poco que les ofrecían los personajes. Ni siquiera Robert Knepper, del que me considero fan declarado desde su aparición en la adictiva “Prison Break”, consigue sustentar el interés en esta serie de la CW. Otro de los elementos que ha acabado por dinamitar la capacidad de la serie para atraer audiencia era el añadido de tener una serie dentro de una serie, que al principio podía parecer sugestivo, pero que se reveló como un verdadero timo (no hay otra palabra para describirlo) a medida que veíamos que las secuencias integradas en cada capítulo eran totalmente fortuitas, y que solo les servían para hacer un pretendido paralelismo entre lo que les ocurría en la vida real y la trama de la ficción, pero a todas luces una herramienta totalmente “Deux ex machina” que no tenía una coherencia concreta, sino que era gratuito en el sentido más crudo de la palabra.

También quiero hablar de la utilización de Nate (James Pizzinato) cual conejo blanco como pretexto para dar el pistoletazo de salida de la trama de intriga, al que se le podría haber dado más intensidad si hubiera hecho acto de presencia después en vez de permanecer oculto, algo así como lo que hacían con Danny en “Revolution”. El no haber conocido todavía nada sobre Steven Rae, productor de la serie sobre el que parecer pivotar gran parte del misterio, también ha mostrado el error que supone no haber puesto antes las cartas sobre la mesa. Si bien es cierto que con la emisión del capítulo séptimo parecía atisbarse un elemento de posible mejora cuando habíamos descubierto que tal vez toda esa red de “verdaderos creyentes” no parecen solo un gran complejo de perturbados que creían encontrar mensajes entre las líneas y los elementos de la serie de ficción, sino que había algo más detrás, una vinculación con el pasado que se estaba concretado en algo real, en el pasado de algunas personas que se vieron obligados a vivir en una secta cuando solo eran unos críos. No quiero decir que eso la fuera a hacer mejorar, pero era un pequeño resquicio de aire fresco en una serie que por fallos plantados ya en guion estaba totalmente sentenciada. Cosa que ha acabado por suceder.

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