Nos encontramos con Cristina Pedroche en la premiere de la
película “El lobo de Wall Street”, protagonizada por Leonardo DiCaprio y
dirigida por Martin Scorsese, donde se dieron lugar varios actores nacionales
para disfrutar de este proyecto en los cines Palafox. Aprovechamos para hablar
con la actriz y también presentadora de sus últimos proyectos
Imagen por Víctor Marina
Has rodado hace poco una película, “Save the zombies”,
cuyo reparto lo integran nombres tan variopintos como el de Enrique San
Francisco, Normal Duval, Antonio Pagudo o el tuyo. ¿Dónde encajan todos estos
nombres en la historia?
Pues encajan porque son pequeñas historias que están
relacionadas todas con los zombies, y de paso que la temática zombie ahora que se
lleva mucho el rollo “Walking Dead”, y encaja a la perfección porque es humor,
y ahí entra todo.
¿De qué va la historia en la que participas tú particularmente?
Pues yo interpreto a la mujer de Antonio Pagudo, una pareja que somos así
muy “pijos”, y me he comprado un zombie a domicilio, y la verdad es que es muy divertida
la historia.
¿Es entonces similar a la reciente “Al final todos mueren”,
donde todas las historias tienen como hilo conductor que los protagonistas saben que la Tierra se va a extinguir?
Sí, la he visto. En este caso sí, todos tienen en común que
hay zombies, pero uno es que el zombie se come a la madre, otro que su zombie
hace otra cosa, a mí me toca un zombie que espero una princesa y de repente es
un zombie malo que se quiere comer a mi perro (Risas). Una cosa muy rara, pero
muy bonita.
Vas a tener dentro de poco una colaboración en “La que se
avecina”. ¿Qué nos puedes decir de esto?
Sí, va a ser por un episodio en “La que se avecina” y otros
dos capítulos en “Águila Roja”. Y nada, con muchas ganas de que se emitan ya,
que se van a emitir este año y esperando cosas nuevas. Ahora estoy en
“Zapeando”, el programa de la sobremesa que hay en La Sexta, y muy contenta
porque de momento hay mucho trabajo.
En “Zapeando” no entraste desde el principio, si no que
hubo como una especie de reformulación del formato.
Sí, fueron probando cosas nuevas y caras nuevas, y bueno, yo
siempre he tenido buena relación con Globomedia, que es la productora que me lo
ha dado todo, que fue la que primero me dio la primera oportunidad con “Sé lo
que hicisteis”. Les apetecía que yo participara, probé un día y gustó, a mí me
gustó, así que perfecto.
¿Cuánto hay de guion y cuanto de libertad en tu
participación en el programa?
Hay guion, seguimos unas pautas, pero lógicamente nos gusta
mucho improvisar, y al final acaban saliendo muchas cosillas a aparte. Pero sí,
hay un guion en el que nos basamos.
Tu nueva posición como colaboradora, ¿te ha obligado más a
ver la televisión que de costumbre?
No (Risas). La verdad es que yo bastante tele, soy muy
televisiva en ambos sentidos, y me gusta mucho la televisión, así que no me han
obligado a ver más.
Ayer se dio el pistoletazo de salida a la “Madrid Premiere
Week” en los cines Callao, con la novedad de que en esta edición se proyectarán
dos o tres estrenos cada día en lugar de uno, como nos tenían acostumbrados.
Este lunes se proyectaba “Violet” protagonizada por Leticia Dolera, “Gente en
sitios” de la que ya hablamos en este blog, y finalmente “Plan en Las Vegas”,
el prestreno americano de la película protagonizada por los oscarizados Morgan
Freeman, Robert de Niro, Michael Douglas y Kevin Kline. Por el photocall se
dejó caer la actriz Elisa Mouliaá (“Águila Roja”) para disfrutar de la
película, por lo que aprovechamos para hablar con ella de sus últimos
proyectos.
Fotografía de Sergio Navarro
¿Qué nos puedes adelantar sobre lo que ocurrirá
próximamente a tu personaje en “Águila Roja”?
Que se pueda contar… (Risas) Bueno, te puedo decir que hay
tramas con Nuño bastante interesantes. Se desarrolla un conflicto muy potente
con El Comisario, e Irene va a tener que tomar una decisión muy importante
(Risas).
¿En qué crees que habéis ganado en la serie desde que
empezasteis a hacerla hasta ahora?
Creo que hemos ganado en imaginación, en aventuras, en que
no hay límites, que todo puede ocurrir, como en la vida. Y que la gente se
sienta identificada con todos y cada uno de los personajes, sin moral alguna,
como que las circunstancias sustentan la emoción de cada personaje, y tanto los
buenos como los malos, tanto los oscuros como los que llevan luz, tienen una
razón de ser.
¿Puede que en esa búsqueda de tramas nuevas
entonces se haya intentando encontrar el lado oscuro de los personajes más
blancos de la serie, como puede ser por ejemplo Satur?
Sí, eso es lo que yo creo que hace inteligente al desarrollo
artístico del actor, el poder buscar tanto el lado oscuro como el lado bueno que
todo ser humano tiene. Y creo que esto en las tramas de “Águila Roja” se hace
mucho: cuáles son los deseos, las pasiones, la moral, y lo que rompe la moral,
el vicio.
¿Qué sensaciones te han llegado de la acogida de la
película “Al final todos mueren”?
Pues ha tenido buenas críticas, lo que pasa es que es una
película pequeñita con poca distribución, que tal y como están las cosas es
difícil que la gente se pueda enterar de que hay proyectos interesantes con tan
poco presupuesto pero que siguen siendo igual de dignos. Pero la gente que lo
ha visto está muy contenta y me han felicitado, y yo me siento muy afortunada
por eso. De momento muy contenta porque parece que soy candidata al premio
Goya, que obviamente no va a ser porque es una película muy pequeñita, pero
estoy muy agradecida y feliz.
¿Cómo abordaste un personaje que tiene un conflicto tan
dramático en un envoltorio de comedia como el que se nos propone en tu historia?
Pues con mucho “Billy Wilder”, esto que viene de la
desgracia. Qué pasa si te metes de verdad en la desgracia… porque en la
desgracia está la gracia. O sea, cuanto más te metes, más gracioso es (Risas).
Porque más te lo crees, y las situaciones más surrealistas son las que más
tristes son. Entonces yo traté de meterme en la idea de que se acababa el
mundo, que tenía que parir un bebé y que parecía antiético que naciera un hijo
y que dos minutos después muriera. Entonces pues al límite, cuanto más al
límite más divertido y más disfrutas.
De las otras historias de la película, ¿cuál es la que más
te gustó o te impactó?
Pues me impactó mucho la de Pablo Vara, muy inteligente, con
un final decadente pero muy interesante porque es como el destino, está la
Muerte ahí. Porque hay una posible salvación, todos luchan por la
supervivencia, sacan el lado salvaje del ser humano y da igual la amistad, da
igual las cosas que nos hacen seres humanos con alma: al final te importa
sobrevivir. Y creo que toca esos temas que son muy reflexivos, para pensar
hasta qué punto somos capaces de llegar, y pisando a quién sea por sobrevivir.
¿En qué punto está la web-serie “El click” de la que formaste
parte de su primera temporada?
No va a haber segunda temporada de “El click” finalmente
porque al final no hay espacio para rodar en ese mismo sitio, entonces tendrían
que volver a cambiar un poco la trama. Y bueno, se está pensando a ver dónde se
podría hacer, pero en ese mismo sitio no porque se ha vendido la casa. Pero la
serie molaba mucho.
¿Cómo era ese personaje que interpretabas, que a pesar de
no hablar al principio eras un hilo conductor en voz en off, al estilo un poco
de Carlitos en “Cuéntame”?
Daniela (Risas). Daniela es un personaje muy introyectivo,
¿no? Un personaje que lo vive muy por dentro, todo desde su propia percepción,
y a través de la voz en off se cuenta quién es este personaje, qué ve del
mundo, qué piensa y qué siente. Tiene un trastorno mental, ella piensa qué está
muerta y piensa que todo el mundo a su alrededor están muertos, y huelen a
podrido, y se ven los huesos. (Risas) Es un poco sociópata.
¿Cuáles son los proyectos que tienes además de lo que
hemos hablado en un futuro cercano?
Pues este viernes estreno una película nueva en Gijón que se
llama “Pixel Theory”, que está construida un poco como “Al final todos mueren”,
compuesta de varias historias con un mismo hilo conductor. Toda la película en
sí habla de la teoría del pixel, que es como un programa que controla el arte:
todo el proceso de creación se vuelve nulo, todo lo que un fotógrafo puede
idear, todo lo que un escritor puede construirse controla a partir de un programa. Y mi colaboración es en una parte
que se titula “El resto es silencio” que lo dirige Pablo Bullejos, y mi
personaje es una rebelde que se llama Helena, con “H”, por Hamlet, porque ama
el proceso de creación, ama el arte, y quiere volver al mundo en el que se
construía con la imaginación, se vivía el aquí y ahora, y se disfrutaba;
entonces Helena se encuentra con un fotógrafo y trata de abrirle los ojos.
Desde hace un tiempo tengo la sensación de que las
corrientes que demandas los espectadores tanto de cine como de televisión se
mueven entre dos puntos: que cuando predomina uno alabamos mucho el que se
arriesga a situarse en el otro, y cuando ya nos hemos afianzado en ese otro (que
nos empieza a cansar) vemos como un gran acierto el visionario que se atreve a
irrumpir en el otro extremo. Me refiero a la eterna lucha entre espectacularidad
y verosimilitud.
Con espectacularidad (no sé si el término es el correcto) me
refiero al conjunto de hechos que se sale de lo común o de lo ordinario y que
hacen que la serie genere un interés ya sea o bien en su trama o en alguno de sus
personajes. Con verosimilitud hablo de ciertas marcas que hacen que lo que
estamos viendo no se aleje demasiado de una realidad que conocemos como cierta
o como probable, que el espectador no sienta que lo que ve no es creíble y por
ende sea incapaz de empatizar con las situaciones recreadas. El ejemplo en
forma de serie exitosa del primer caso podría ser tal vez “Lost”, a pesar del
excelente trabajo en la construcción de muchos de sus personajes, que es lo que
hacía que muchos de sus fans todavía siguieran fascinados por ella incluso
cuando mostraban evidencias claras de descontrol de la narración –quinta y
sexta temporada-. En un grado más exagerado tenemos a “Prison Break”, “24” o “True
Blood”. En estos casos, “aceptamos” esta falta de realismo simplemente por la
espectacularidad y la intensidad de lo que cuentan. En el otro extremo
encontramos últimamente intentos de ser más pulcros en la recreación de
ambientes, como pueden ser ficciones de estos últimos años como “Breaking Bad”
o “Dexter”, que aunque con situaciones potentes, intentan ser lo más apegados a
la realidad posibles.
En el cine ocurre lo mismo y cada vez más. El ejemplo más claro
que he podido encontrar lo veo en la figura de Batman. El extremo primero estaría en la versión pintoresca de Tim
Burton y el segundo en la psicológica de Christopher Nolan. Ha sido enormemente
alabado este acercamiento del director de “Origen” a la figura del hombre
murciélago desde una perspectiva más introspectiva y en la que se bucea mucho
más en las dudas y los conflictos de la persona. Parecía que nos estábamos
alejando de esa visión tan idílica, tan construida cinematográficamente, tan
manufacturada guionísticamente, para dar una visión más real y más humana de
las cosas. Entonces Nolan vuelve a probar su aparente fórmula mágica con el
personaje de Superman. En términos
generales, las críticas son negativas. ¿Por qué? ¿Ya no funciona ese código?
¿Ya no nos interesa el reflejarnos como seres humanos, con los conflictos
reales? ¿Ahora queremos de nuevo que nos ofrezcan cosas que no vemos en la vida
real, que nos hagan olvidarnos de nuestras vidas? Parece este el eterno debate.
En estos dos casos concretos, tal vez la clave estribe en que hay géneros
cinematográficos con unas estructuras estipuladas que son así por algo. En Batman,
sí encajaba esta visión introspectiva, ya que Bruce Wayne no deja de ser una
persona sin ningún poder que toma la decisión de ser un héroe; Clark Kent, sin
embargo, es un héroe mitológico, no encaja en unos cánones tan dramáticos sino
que deben ser épicos.
A nivel de series, en
España, tendríamos los extremos situados en “Águila Roja” (la espectacularidad
y poca credibilidad de un ninja que combate el mal en pleno siglo XVII) y en “Familia”
(la visión sobre una familia atípica, que en la España actual va siendo la
norma, con un cuidado extremo por la verosimilitud y realismo de personajes y
situaciones, pero que va acompañado de unas tramas tan manidas que provocaba
que la producción no llame la atención). Como casi siempre, en el término medio
está la virtud. En esto, parece ser un acierto la serie “Breaking Bad”,
partiendo de un high concept apabullante como lo puede ser un profesor de
química que ante un cáncer comienza a fabricar metanfetamina para así dejar una
buena herencia su familia, se apuesta por una visión realista, cercana,
dialogada, de construcción de personajes donde tan importante es lo que se dice,
lo que no se dice, e incluso el color de la ropa de los personajes. ¿Vosotros con
qué os quedáis? ¿Espectacularidad o verosimilitud?
TVE dejó de emitir hace algo más de una semana sus capítulos
de la serie “Águila Roja”, sabiendo que tiene unos cuantos más en la recámara
dispuestos a ofrecerles casi con seguridad en el próximo curso catódico. Este
recurso se está utilizando cada vez más en las cadenas españolas – el caso de “Aída”
y Telecinco es el más exagerado – y dicen muy poco del respeto de las cadenas
por sus ficciones. En este caso, se entiende un poco más ya que somos
conocedores del coste que ha tenido esta serie después de los recortes en la
entidad pública, y no quieren malgastar su buque insignia en una época donde el
consumo televisivo decae abruptamente.
La serie, en este corte tan aleatorio, no deja nada en alto
como cabría esperar de un final de temporada en condiciones. Nos encontramos
con que la Marquesa (Myriam Gallego) ha desaparecido porque se quiere alejar de
Palacio hasta que de a luz y así proteger al que cree futuro rey de las
Españas; así mismo, el Comisario (Francis Lorenzo) la busca imperiosamente ya
que unos nuevos marqueses de Santillana (los ya anunciados Carlos Areces y
Loles León) han hecho aparición disputándole el derecho de todas sus
pertenencias y su legado en el marquesado. En cuanto a la trama romántica central
sembrada hace ya tanto tiempo, parecía que iban a ser capaces de dar un pasito
en el momento en que Gonzalo (David Janer) declarara su amor por Margarita
(Inma Cuesta), pero solo fue una falsa alarma y nos encontramos de nuevo en el
mismo punto en el que ha deambulado esta relación en toda la serie. Por otro
lado, ha hecho ya una intervención con algo más de enjundia el personaje de
Julia Gutiérrez Caba, rescatando a Alonso (Guillermo Campra) de una posible
muerte, y no diseminándose en secuencias de treinta segundos cada capítulo,
como venía haciéndolo hasta ahora.
Las tramas de esta temporada han seguido mezclando las
aventuras, el drama y el romance, y las intrigas palaciegas con el mismo punto
de inverosimilitud pero de aceptable espectacularidad que nos vienen ofreciendo
desde que los guionistas y creadores se hicieron conscientes de las virtudes de
su apuesta. En estos capítulos hemos visto una de las versiones más oscuras de
Satur (que en los últimos capítulos ha visto algo limitada su función de alivio
cómico por ello), hemos recuperado a Juan (la trama de la muerte de su nueva
mujer así lo atestigua), y hemos comprobado que hay personajes a los que les es
muy difícil sacarles trama como pueden ser sobre todo Cipri (Santiago Molero), Irene
(Elisa Mouliaá), últimamente Catalina (Pepa Aniorte) o Mariana (Mónica Cruz).
Aunque esta última, en el punto en que es capturada por el Comisario al
intentar huir de la villa, ha cobrado algo de importancia. En los episodios
venideros, se nos antoja como interesante ver qué nuevo papel cobrará la
Marquesa cuando averigüe todo lo que está pasando en “su” palacio, y que
consecuencias traerá el que tenga en su vientre o fuera de él al que puede ser
el futuro rey de las Españas.
“Águila Roja” ha vuelto a las noches de TVE volviendo a ser líder
indiscutible en su franja horaria y dando cuenta que sigue tan fuerte como
antaño, mostrando con sobriedad los elementos que han hecho de ella una de las
series más longevas actualmente de la televisión pero también evidenciando los
mismos errores que ya cometiera en el pasado más o menos cercano.
En cuanto a su apartado argumental, seguimos teniendo esas
tramas llenas de aventuras que casi siempre están poniendo en riesgo a uno de
los protagonistas, pero sin embargo en este recurso ya tan utilizado les está
empezando a jugar en su contra, ya que sabemos que por muy límite que sea la
situación que nos plantean, ni Alonso (Guillermo Campra), ni Margarita (Inma
Cuesta) ni Satur (Javier Gutiérrez) va a morir. En este aspecto, el interés del
espectador estriba en averiguar como saldrán del apuro, que a veces en su
resolución está más justificada, a veces menos, u a veces solo echan mano de
una intervención rápida de su héroe, Águila Roja. En estas tramas, es de
agradecer el esfuerzo que se está haciendo por ofrecer bastantes exteriores,
que suelen venir de la mano de las misiones de Gonzalo (David Janer). Las
tramas, a veces un poco esperpénticas y que rizan el rizo, son lo
suficientemente potentes para atrapar al espectador, arriesgándose los
guionistas (ya que ha quedado perfectamente probado su éxito) a que la serie
vea mermada por otro lado su credibilidad. Aunque si lo pensamos bien, un ninja
en el siglo XVII ya tiene mucho que decir del espíritu de la serie.
En el apartado de personajes, nos encontramos con que tanto
Cipri (Santiago Molero), Irene (Elisa Mouliaá) y Mariana (Mónica Cruz) están
pasando francamente inadvertidos en este comienzo de temporada, y el doctor (Roberto
Álamo) simplemente está desaparecido. Uno de los fallos que ya están alargando
hasta la extenuación es la presencia fantasmagórica de la madre de Gonzalo,
interpretada por Julia Gutiérrez Caba, y que intercala secuencias mudas de un
minuto escaso cada capítulo sin hacer realmente aparición en la ficción. Los
personajes del Rey (Xavier Elorriaga), la Reina (Eliana Sánchez) y del Cardenal Mendoza (Jose Ángel Egido)
se van alternando con inteligencia, oxigenando el reparto, a la vez que el peso
recae en los personajes verdaderamente importantes: el dúo de acción formado
por Gonzalo y Satur, y el intelectual formado por la Marquesa (Myriam Gallego)
y el Comisario (Francis Lorenzo). Gran parte del atractivo de la serie recae por
un lado en la interpretación de los personajes tanto de la Marquesa como del
Comisario, y en el alivio cómico que supone el personaje de Satur,
perfectamente explotado capítulo tras capítulo. La temporada se desenvuelve por
otro lado con la promesa de tener las incorporaciones puntuales de actores como
Loles León, Carlos Areces o algún otro actor que siga atrayendo a la audiencia
con cierta novedad, como si fuera un particular “7 vidas” en el Siglo XVII.
La serie “Águila Roja” ha vuelto a Televisión Española con grandes datos de audiencia en su recién estrenada cuarta temporada. La producción de Globomedia sigue rompiendo barreras de share, vapuleando a su competencia con solvencia; sin embargo, el salto de audiencia no se ha traducido proporcional ni significativamente en un salto de calidad en las tramas.
Si bien se mantiene más o menos constante ese aspecto de producción cuidada y elegante que tiene casi más de cinematográfico que de televisivo (avalado por su ambientación, por su recreación, y las escenas de acción y esencia de aventura que suele salpicar cada episodio), las tramas están dando síntomas de desgaste y se está apelando al recurso de poner a uno de los protagonistas en peligro de manera más o menos casual (la picadura de una serpiente a Gonzalo, la acusación de violación a Nuño) para en el último momento salvar ese personaje, que por otro lado todos los espectadores sabemos que no va a morir. Este mecanismo puede funcionar bien de vez en cuando, pero no de manera sistemática, ya que el espectador pierde credibilidad en las acciones, y en vez de crear intriga la disipa, tal como está sucediendo en cierta manera con “El barco”. En esta nueva temporada se han olvidado un poco de las intrigas palaciegas (que tan bien había funcionado a mi juicio en la versión cinematográfica que se hizo esta primavera de la serie) para usar el recurso fácil de crear intrigas puntuales y coyunturales. Sí se está viendo un intento por desarrollar características concretas de los personajes, como el debate de lealtades del médico Juan entre dos mujeres (trama que no acaba de cuajar muy bien ya que se está tirando mucho del hilo sin llegar a ninguna parte), el resucitado miedo de Margarita y Alonso por que su padre pase casi todas las noches fuera, o la inminente conversión de niño a hombre de Nuño. El personaje que sigue funcionando como un reloj en su labor de comedia, haciendo las veces de Sancho para Águila Roja, es el de Satur (Javier Gutiérrez), un actor y su encarnación en estado de gracia que no da síntoma de desgaste, y que nos ofrece grandes momentos en cada entrega.
No querría creer que el presupuesto de esta temporada se ha invertido en las incorporaciones de personajes nuevos como el de Manuela Velasco (como futura esposa de Juan, ya sugerida la temporada pasada), Mónica Cruz (en el papel de la mujer del pirata Richard Blake, tras sus recién adquiridas dotes de espadachín haciendo de doble de su hermana en “Piratas del Caribe: En mareas misteriosas”) y Lidia Bosch como un reputado e inquietante miembro de la Iglesia que viene a encargarse de la salud del futuro rey (personaje que se incorpora en el capítulo que se emitirá mañana). Si bien se agradece la presencia sobretodo de esta última y de esta primera, no querría creerlo si esto supone mermar la calidad o el trabajo de las escenas de acción que eran baluarte de la serie, con un gran ejercicio tanto de especialistas como de David Janer, y el recurso bastante elevado de exteriores al que nos tienen acostumbrados. Aunque la mezcla de drama histórico, aventuras, acción y comedia siga funcionando, la serie debería apostar por renovar un poco las tramas y dar más cancha a personajes como el de El Comisario (Francis Lorenzo) – un poco apagado en este inicio de temporada -, el cardenal Mendoza (Jose Ángel Ejido) y el rey (Xavier Elorriaga).
Este jueves 28 de abril cuatro de los protagonistas de la serie Águila Roja (David Janer, Myriam Gallego, Francis Lorenzo e Inma Cuesta) presentaron en el Ábaco Cinebox de San Sebastián de los Reyes la adaptación a la pantalla grande de la serie emitida por TVE, ante decenas de fans que se acercaron para presenciar el acto. La película cuenta como en la villa se va a celebrar una cumbre del más alto nivel entre España, Francia, Inglaterra, Portugal y el Papa; sin embargo el motivo real de este encuentro es la invasión y el reparto del reino de las Españas. Al mismo tiempo, una enigmática mujer pide ayuda a Águila Roja para rescatar a su padre. Su aparición será determinante para entender la magnitud de la conspiración.
El film aporta todos los ingredientes de los que hace gala la producción de TVE, con esa resultona mezcla de drama histórico, comedia, aventuras y acción. Con una trama algo pretenciosa y con una visión muy libre y adaptada de los hechos históricos nos da pie a una transformación puntual del personaje de Águila Roja que piensa en abandonar su función de héroe pero que al final se queda en nada. Esta será la tónica dominante de la película, ya que se usa mucho el recurso de llevar al límite tanto situaciones como personajes principales, para que después la técnica de salvamento en el último momento les libre de su destino aciago, algo bastante previsible teniendo en cuenta que el film funciona como puente entre la segunda y tercera temporada, por lo que era poco probable que hicieran cambios drásticos en algún personaje y ya ni decir tiene la impensable desaparición de alguno. Sí se introduce algún personaje nuevo, del que sí pueden prescindir, ya que es de aparición puntual en el film. La narración de aventuras está aderezada por algunas escenas de acción bastante bien rodadas, gracias sobre todo a una gran pericia en el montaje y la coreografía, y a un trabajo excelente de David Janer y sus adversarios, aunque hay alguna dejadez/fallo técnico que se puede pasar por alto a grandes rasgos.
A este elemento de acción se le da un toque de comedia bastante presente en los primeros compases del film, y que recae casi completamente en el personaje de Satur (un Javier Gutiérrez en estado de gracia humorística, bordando a la perfección el personaje de lacayo bufón, el Sancho de Don Quijote Águila Roja), aunque también gracias a la introducción de Antonio Molero, que aunque el personaje contribuye a una distensión bastante refrescante en el film y que provoca algunas carcajadas, es difícil disociarle de su personaje de “Fiti”, ya que nos encontramos prácticamente ante su mímesis. Es reseñable la poca participación de actores protagonistas de la serie como Pepa Aniorte (Cata), Francis Lorenzo (El Comisario) y Myriam Gallego (La Marquesa); además del gran trabajo, ante el que me descubro, del que es posiblemente el mejor actor español de la generación junior, Guillermo Campra (Alonso). La aparición de Mariano Peña es casi meramente presencial, para elevar un poco el caché de la película respecto a la serie, al igual que sucede tanto con William Miller como capitán del ejército inglés, o con la intervención de Martina Klein, cuyo desnudo promocionado en el tráiler es de los más gratuitos que he visto últimamente tanto en cine como en TV. Probablemente sí tienen razón los críticos que acusan al film de ser solamente un capítulo más largo de lo normal de la serie, y que hace las delicias de los fans de ésta pero que no aporta nada nuevo a nivel narrativo o cinematográfico. ¿Y qué es lo que se pide a este producto? La serie ya tiene una factura bastante cinematográfica, así que el paso al celuloide era un paso bastante lógico y no tiene por qué tener grandes diferencias ni aportaciones técnicas radicales. Tal vez eso mismo, vuelven a repetir la mezcla de conjugar comedia, aventura, drama y actores televisivos conocidos, pero por suerte esto está funcionando ahora mismo en España, y sabiendo lo pronto que se cansa el espectador de las fórmulas, ¿por qué no explotarla ahora que gusta? La película ofrece lo que promete. ¿Qué la trama podía estar un poco más trabajada? Puede ser, pero poco más se le puede achacar a un producto hecho para los fans de la serie. La pregunta es, ¿compensa ir al cine, o basta con esperar a que tarde o temprano llegue a las pantallas de los hogares?