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lunes, 23 de septiembre de 2013

FINAL DE "DEXTER"



Ante todo hay que apuntar que la recta final ha sido bastante decepcionante tratándose de una serie del calado de una producción tan longeva y aclamada como “Dexter”. A partir del momento en que, aproximadamente a partir del ecuador de esta octava y última temporada, la relación entre Debra y Dexter se estabilizaba y alcanzaba cotas de una normalidad que nunca debió atesorar, la serie empezó a virar hacia tramas que no interesaban y que eran tan ocasionales que no parecían querer cerrar ninguna de las historias de los personajes que habían deambulado por la ficción hasta ese momento. 

Así ocurrió en el episodio final, donde personajes que habían estado durante todo el recorrido de la ficción no tuvieron ni siquiera un final digno, pasando sin pena ni gloria en estas últimas temporadas: me refiero con esto a Joey Quinn (ni siquiera han conseguido resarcirse intentando volver a hacer aflorar sus sentimientos por Deb), Ángel Batista (mero brazo procedimental) y Vincent Masuka (siempre personaje terciario y relegado a labores de alivio cómico, en el último episodio ni siquiera se hace mención a la trama tan extraña sobre su descubierta paternidad), con el añadido esta última temporada del teniente Matthews, que se pasea por la comisaría proclamando dos frases que puede decir cualquiera. En el caso de Harry ya nos dieron una despedida en el penúltimo episodio, pero mientras parecía sugerir lo contrario el inicio de temporada, ha tenido menos importancia que nunca. Por último llegamos al personaje de Hanna McKay, la única que podía suponer un soplo de aire fresco en la vida de nuestro asesino por lo que suponía de cambio en su vida, pero que al final solamente ha sido una carga con la que Dexter tenía que lidiar, cuando lo verdaderamente potente hubiera sido que el que estuviera a punto de ser capturado hubiera sido Dexter Morgan, no la fría asesina convertida en la perfecta canguro de Harrison.

Aun con todo esto, estaría de acuerdo en que los personajes importantes realmente eran Dexter y Debra, quedando los demás como secundarios. Como algunos medios y algunos analistas apuntaban por ahí, Debra siempre debió ser la última antagonista de la serie, y el duelo final del personaje interpretado magistralmente por Michael C.Hall debería haber sido con ella. En cierta manera, la última víctima de Dexter ha sido su hermana, ya que él se achaca la culpa de su disparo y al final toma la decisión de desconectarla para ahorrarle una vida que sabe indigna. La última temporada debería haber girado en la relación creada entre Debra y Dexter, algo que ocurría al principio, pero en cuanto la hermana pareció olvidar todo lo que había ocurrido y aceptar su destino, todo se volcó en una trama que carecía de importancia: la de la relación de la doctora Evelyn Vogel con su hijo Oliver Saxon. Por ver algo positivo a este respecto, encontramos que la escena final entre Oliver Saxon y Dexter en la sala de interrogatorios –que acaba con la muerte de este primero- es impactante y muy intensa. También sube unas décimas la valoración del capítulo el que nuestro protagonista haya sido obligado en este último capítulo a asumir tantos riesgos por vengar la muerte de su hermana, algo que siempre había tratado de evitar bajo el código de Harry, poniendo en riesgo su fuga a Argentina.

En cuanto a la resolución como tal –que como hemos dicho solo se ha dado para los personajes de Dexter, Debra, Hanna y Harrison- estaba bastante claro que Dexter debía pagar un precio por todo lo que había hecho hasta este momento, debía ser castigado de alguna forma: podía haber sido con su propia muerte, con la cárcel o una tercera opción, que le arrebatasen a un ser querido como ya ocurrió con Rita. Esta vez, le han quitado a su otro pilar esencial como penitencia por sus pecados, su hermana Debra, además de la certeza demoledora de que destruye todo lo que está su alrededor. Esto es lo que condiciona la última decisión del protagonista. Los guionistas y así mismo Dexter saben que el precio a pagar no es el suficiente, por lo que tras hacernos pensar durante un instante que ha optado por el suicidio, entendemos que su sacrificio gira en torno a su soledad forzada. Se aleja de todos los que le han podido querer para protegerlos. Un final casi digno para una temporada que nunca debería haber existido.

lunes, 21 de enero de 2013

FINAL DE "FRINGE"



Este pasado viernes de madrugada acabó una de las series internacionales más sugestivas e interesantes de los últimos años. No hablamos de otra que de “Fringe”, esa producción de J.J.Abrams que en su primera temporada allá por el 2008 tenía un inconfundible aire a “Expediente X” y una dinámica procedimental que echó para atrás a alguno de los espectadores que comenzaron a verla. Pero que a partir del sorprendente final de la primera temporada fue introduciéndose en su propia mitología para regalarnos una narración particular donde se jugaba con la ciencia ficción, con los viajes en el tiempo, los sucesos paranormales y los mundos paralelos con una pericia envidiable, a través de unos personajes que poco a poco fueron conquistando nuestro corazón.

Y es que este final, haciendo de epílogo de la serie, ha vuelto a incidir en los personajes. Porque al final, tal como se encargaban de asegurar con “Lost”, esta también es una serie de personajes. Unos personajes que nos han atrapado, con sus relaciones y sus sentimientos. Porque nos ha bastado con las dudas de Walter sobre la relación con su hijo Peter, las dudas de Olivia respecto a sus capacidades y su relación con este último, para cimentar sus capítulos. Sumado esto al hecho de que también era una serie con sus propias reglas, con su propio villano (que oscilaba de una temporada a otra) y como no, un final. Ha sido un final correcto, pero nada más. Ni decepcionante, ni admirable. Se ha quedado entre dos aguas, algo que no había hecho ninguna de las temporadas de “Fringe” hasta esta última, que ha sido un poco agridulce. La más diferente de todas, ha sido la que más ha bajado el nivel, aunque aun así ha seguido regalándonos algún momento mágico. En este episodio, hemos tenido de vuelta a Broyles con la fuerza que tenía el personaje en pasadas temporadas, volviendo un poco a la esencia de la serie. En este aspecto, se han recuperado un par de elementos propios de la mitología, como han sido los viajes en el tiempo (aunque de forma latente, ya que no vemos el viaje que realiza Walter con el niño observador) y los universos paralelos (el plan que urden para rescatar al niño observador de las manos de Windmark).

Así pues, también recuperamos a un personaje que ya parecía olvidado, cerrando un poco su historia (que fue importante en las temporadas 3 y 4): Hablamos de Lincoln Lee, al que volvemos a ver junto a Bolivia en el otro universo. Aun así, siempre me he preguntado que hubo tras la desaparición del personaje de Charlie Francis, que me gustaba más que este como compañero de Olivia, y no puedo evitar teorizar que papel hubiera tenido en este final. Después del sacrificio de Nina, pocos podían ser los personajes a recuperar, pero sí que me hubiera esperado algún guiño mínimo a William Bell, que al final no hubo. Respecto a la trama del capítulo doble en sí, ha sido más emotivo que intrigante, ya que el recuperar este mundo paralelo y detalles como la conversación de Walter con Astrid en plan “siempre has sabido como reconfortarme. Astrid es un nombre precioso” ha marcado la intención de los guionistas. Así como la escena final como tal, desechando un posible cliffhanger a nivel de acción o de thriller por un cliffhanger emocional, descubriendo que al final Walter sí que tuvo que sacrificarse eliminándose del presente en la vida de Peter, con ese mensaje mandado a través del tiempo en el que hay una flor dibujada, la flor de la esperanza. Así que, después de tantas alegrías: Bye bye, Fringe.

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