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miércoles, 25 de octubre de 2023

LA CONTADORA DE PELÍCULAS

Años 60, desierto de Atacama, Chile. María Magnolia (Berenice Bejo) es una mujer que, a pesar de vivir bajo difíciles condiciones, trata de transmitir a su hija, María Margarita (Sara Becker), su pasión por el arte. María Margarita se convertirá en la contadora de historias del pueblo, donde la mayor parte de sus habitantes no pueden pagarse una entrada de cine.

A medio caballo entre “Cinema Paradiso” y un crudo y árido episodio de la historia de Chile, Lone Scherfig (“An Education”) nos presenta aquí su nueva película ambientada en los años 60 de este país latinoamericano. La historia nos narra las peripecias de una familia numerosa, de tres hijos y una hija, donde el peso lo llevan estos últimos. Los padres, interpretados por Berenice Bejo y Antonio de la Torre, se quedan en un segundo plano beneficio de María Margarita, pero también de sus tres hermanos. En este sentido, hay cierto aire de ligereza: en algunos momentos concretos, parece que la concatenación de desgracias está desconectada. Parecen escenas aisladas de un paisaje cotidiano, que serán muy reconocibles para la sociedad chilena, pero que en mi caso no acaban de empastar con fluidez, debido también algunas inseguridades interpretativas.

La narración funciona bastante bien como retrato familiar, con ese elemento original que vertebra el filme, en el que, ante la adversidad económica, la hija es nombrada contadora oficial de películas ante la imposibilidad de ir al cine, y que poco a poco se irá convirtiendo en todo un fenómeno en el pueblo. El particular casting familiar para elegir a ese particular cargo, ofrece los momentos más amables y divertidos. El filme descarrila un poco cuando entra en escena los actores propiamente de la historia chilena, con Pinochet como obvio protagonista de esos momentos, que hace perder un poco el foco de la historia y terminar de una forma abrupta algunas de las tramas y de los arcos de personajes. Mi puntuación: 5,5 sobre 10. “La contadora de historias” se estrena este viernes 27 de octubre en las salas españolas.

Crítica de Héctor Izquierdo

miércoles, 30 de octubre de 2013

GENTE EN SITIOS



“Gente en sitios” es en palabras del guionista y director “un relato caleidoscópico” que recorre la comedia, el drama, el relato social, el terror y el surrealismo con el denominador común de “la irreductible poesía de la condición humana frente a las embestidas de lo extraño y lo caótico”.

Juan Cavestany, que ya dio muestras de su poder para sorprender y mantener perplejo al espectador, sin que esto excluya poder provocar humor o incluso emocionar con su extravagante “Dispongo de barcos”, hace en este caso un estudio de la condición humana en estos tiempos que nos han tocado vivir, a través de multitud de secuencias que solo están conectadas muy esporádicamente, como si fuera un  pequeño guiño a las interconexiones tan difusas entre los seres humanos. Este trabajo es un compendio de escenas surrealistas –algunas- que simulan ser una antología sobre la extrañeza del ser humano para lidiar con las situaciones que le rodean en la actualidad, donde a la crisis económica la ha precedido una crisis existencial y relacional. Es una película con cierta vocación de reflexión sobre la manera de contar cosas, sobre la filosofía de la utilización del cine respecto al relato en su sentido más amplio. 

La cámara se mueve entre todas estas secuencias tan dispares y tan alejadas en concepción de forma orgánica, siguiendo a los personajes sin ningún prejuicio preconcebido, con un desprecio por la técnica total a ratos y con una fineza depurada en otros. Lógicamente, uno de los puntos fuertes que puede hacer que alguien más que los académicos, los curiosos y los seguidores acérrimos del director Juan Cavestany vayan a la sala de cine a probar con este experimento es el increíble reparto que consigue reunir, derivado de la sencillez del trabajo que se les exige. Entre los miembros de un extenso reparto de nada más y nada menos que ochenta actores encontramos a nombres de la talla de Maribel Verdú, Alberto San Juan, Tristán Ulloa, Antonio de la Torre, Diego Martín, Santiago Segura, Adriana Ugarte, Carlos Areces, Irene Escolar, Roberto Álamo, Javier Gutiérrez, Eduard Fernández o Raúl Arévalo. Mi puntuación: 5,5 sobre 10. “Gente en sitios” se ha estrenado en los festivales de Sitges y en la Seminci de Valladolid.

viernes, 11 de octubre de 2013

CANÍBAL



Carlos (Antonio de la Torre) es el sastre más prestigioso de Granada, pero también es un asesino en la sombra. No tiene remordimientos, ni culpa: hasta que Nina (Olimpia Melinte) aparece en su vida. Por ella, conoce la verdadera naturaleza de sus actos y surge, por primera vez, el amor. 

La película de Manuel Martín Cuenca es, como ellos se encargan de definir, un thriller minimalista que no se encuadra en un género concreto. Esto quiere decir que, hay margen para que la historia pida su propio género, para que se fusione este thriller tan difuso que casi desaparece, con un drama que cuenta la historia de un personaje monstruoso, para dar paso a una suerte de historia romántica -atípica a más no poder- que pretende redimir al protagonista. Porque el mensaje de la película quiere darnos a entender que el amor puede cambiarlo todo, que puede ser la catarsis definitiva incluso para un personaje tan incapaz como lo es el dibujado por Antonio. Sin embargo, en este desdibujar las líneas de los géneros, la película se nos hace lineal, a veces incluso nos cuesta ver donde se quiere llegar: ya que ni tenemos una historia de investigación y de ocultación como tal, ni una historia de amor definida, ni un drama potente. Por tanto, este cóctel no acaba de encontrar su sabor esencial, aunque tiene imágenes ciertamente potentes -el accidente del principio es buen ejemplo de ello-.

Esto tiene que ver con que tal vez la historia no dé como para una película: tal vez para un documental, tal vez para una novela criminal. Pero la falta de intensidad y de contenido de la historia hace que el gran trabajo de composición de Antonio de la Torre encarnando a Carlos, no sea suficiente para hacer de ésta una película más satisfactoria. Porque el actor realmente entiende a la perfección su propuesta actoral, e interpreta asiéndose a elementos que no se queden en esa vaga noción de maldad, sino que el mundo de la sastrería y su concienzudo gusto por el orden le ayudan a crear a alguien humano, reconocible dentro de lo irreconocible. Por otro lado, el trabajo de Olimpia Melinte, dando vida a dos gemelas con las que se cruzará en uno u otro momento el protagonista, es sorprendente: su encarnación de la extraña partenaire de Carlos es impecable y versátil, pero su primera aparición como gancho de la historia interpretando a su otro personaje la convierte en un cliché que desmerece bastante. Mi puntuación: 5,5 sobre 10. “Caníbal” se estrena hoy viernes en las salas españolas.

domingo, 10 de marzo de 2013

LOS AMANTES PASAJEROS




Un grupo de estrafalarios pasajeros viaja a Ciudad de México en un avión cuya tripulación es absolutamente esperpéntica. Durante el vuelo, una grave avería hace que los pasajeros, al verse inevitablemente al borde de la muerte, se sientan inclinados a revelar los asuntos más íntimos de su vida. Todo ello desembocará en una comedia caótica y disparatada.

Almodóvar intenta retomar aquí un poco el camino sembrado en el tono  y el color que pudimos ver en su “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, pero se queda en un punto de comedia estrafalaria y surrealista que provoca que nada en esta historia sea mínimamente creíble. Pedro Almodóvar nos propone aquí de nuevo una película llena de su universo particular, alejándose esta vez un poco (pero no del todo) de esas figuras femeninas tan presentes en su carrera, en el que deambulan locas y mariconas sin parangón, pero sin la chispa que pueden tener otras de sus producciones. El punto de partida, sugerente en un principio, se ve desvirtuado por la necesidad de contar unas historias que no interesan, para rellenar lo que en un principio parece la única idea original, la de presentar a tres locazas reconvertidas en azafatos de vuelo que son capaces de despellejarse en la sala de mandos pero también de bailar una coreografía para calmar a los pasajeros. Todo lo demás es relleno, y aunque se intenta hacer un simulacro de tramas entrecruzadas, lo único salvable son las interpretaciones de incombustibles del cine español como Antonio de la Torre, Cecilia Roth o Lola Dueñas. Porque seguramente esta película puede gustar a los más acérrimos defensores del director manchego, pero es difícilmente salvable para el espectador medio.

El trío de locas formado por Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo hace en momentos disfrutable este episodio que debía haberse quedado solamente en las escenas de avión, intentando crear cierta atmósfera de tensión que ya hubiera provocado el contrapunto perfecto con la comedia que emerge de los disparatados personajes. Estos momentos del trío, son sorprendentemente los que no tienen que ver mucho con las minitramas que se nos intentan plantear en la película, sino que casi son una especie de sucesión de gags en el que Javier Cámara hace el personaje con más matices, Carlos Areces se tira a la piscina logrando un prototipo de gay extraño pero a la vez real, y Raúl Arévalo se mueve entre la sobreactuación y los clichés en un principio hasta mimetizarse con sus dos partenaires a medida que avanza la película. Sobran tramas y personajes (a pesar de la delicia que resulta en algunos de los casos su presencia en cualquier película) como el de Blanca Suárez, Paz Vega, Willy Toledo, y los cameos de Penélope Cruz y Antonio Banderas. Es como si se hubiese apuntado al carro de la moda de “Torrente IV” en la que no se buscan actores para la trama, sino que se opta por buscar tramas para ciertos actores, lo que bajo mi punto de vista supone cierta estafa argumental. Mi puntuación: 4 sobre 10. “Los amantes pasajeros” se estrenó este pasado viernes 8 de marzo en las salas españolas.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

INVASOR


Pablo es un médico militar español enviado en misión de paz a Irak durante la guerra de 2003. En una salida rutinaria su convoy es atacado en el desierto. Él y su amigo Diego logran refugiarse en una casa deshabitada, pero se ven envueltos en un conflicto que pone sus vidas en peligro...

Daniel Calparsoro, del que hablamos hace poco debido al rodaje de su nueva película “Combustión”, se adentra aquí también en el cine de género, tan poco tratado en España y que parece tan difícil de abordar en nuestra industria. Esta es una historia sobre asumir responsabilidades, sobre una situación tan infame que es difícil justificar a los personajes que llevan a cabo este tipo de acciones, pero la película intenta evitar caer muy obviamente en maniqueísmos. No siempre lo consigue. Un ejemplo es el personaje de Karra Elejalde, que no acaba de decidirse entre hacer un villano al uso o una persona con su integridad puesta en el otro lado de la balanza, por lo que su personaje hace aguas en algunos momentos, llegando incluso a rozar la parodia en los últimos compases. En el otro punto, tenemos a un gran y eficaz Antonio de la Torre (algo a lo que nos tiene acostumbrados), una muy válida Inma Cuesta dando vida a la mujer del protagonista, y a un Alberto Amman sobre el que vuelve a recaer el papel principal que se me antoja un poco inexpresivo. Cierran el reparto nombres como el de Bernabé Fernández (“El Barco”) o Luis Zahera (“Sin tetas no hay paraíso”).

Muy efectivamente rodada, con escenas que dan una sensación de pulcritud y de buen hacer que elevan el mérito de la película, se le suma también una fotografía muy trabajada y que nos hace creernos los paisajes y los contextos que nos ofrecen, ya sea en La Coruña o ya sea en el desierto iraquí. La banda sonora es simple pero eficaz, con unas ondulaciones que modulan los dilemas de los protagonistas. Falla por otro lado el guion, al que le hace falta algo de sustancia, algo que no sea solamente el conflicto moral con el que se encuentra el personaje protagonista; ya que es muy significativo que lo que más llame la atención sean las imágenes que pertenecen a la ficción de Iraq y la magnífica escena de persecución rodada en el centro neurálgico de La Coruña, cuando se presupone que es una historia sobre personajes y conflictos universales. Por tanto, un ejercicio de talento de realizador, pero al que le falta algo más de garra argumental, no una simple denuncia de situación de los comportamientos de este tipo de instituciones. Mi puntuación: 6,5 sobre 10. “Invasor” se estrena este mismo viernes 30 de noviembre en las pantallas españolas.

miércoles, 9 de febrero de 2011

DISPONGO DE BARCOS


Cuatro hombres que puede que se conozcan de antes, deambulan por una ciudad extraña sin querer encontrarse y escuchando voces lejanas. Poco a poco, su desencuentro se convierte en encuentro y sale a la superficie algo parecido a un misterioso pasado común. Todos ellos necesitan salir de su aislamiento por distintas razones, todas ellas relacionadas con poner freno a su locura a través de la planificación de un robo a una nave industrial.

Juan Cavestany realiza aquí el sueño efímero de todo guionista idealista que se traslada a la dirección: la de realizar una historia sin ningún tipo de limitación artística ni constricción académica, pero por otro lado y consecuentemente, con grandes limitaciones de medios y recursos humanos, ya que tuvieron que rodar las escenas a lo largo de un año durante los ratos libres que tenían los actores que salen en el film. La libertad creativa pues es absoluta: mezcla texturas y formas de desarrollo, no se ajusta a una narración clara ni lógica, los personajes son caóticos, extraños y sin limitaciones emocionales… La historia, que en realidad son las historias de cuatro personajes perdidos que en algún punto se encuentran, trata a priori sobre personas perdidas, que deambulan por el mundo buscando vincularse a alguien, o tal vez vincularse a algo; conseguir tener una meta o un objetivo en la vida aunque no sepan con meridiana exactitud de qué se trata. Todo es muy metafórico y está bañado en un humor que pretende converger géneros, pero que logra un producto que crea una gran extrañeza, confusión e incluso incomodidad en el espectador de principio a fin. Esta estética y espíritu creativo recuerda mucho al autor David Lynch y sobre todo a su película “Island Empire”, y si nos fuéramos al ámbito nacional encontraríamos semejanzas con el surrealismo más diarreico del director Luis Buñuel. El film y los personajes cuentan con un humor muy absurdo, muy retórico, con diálogos imposibles, equívocos y con aires de ensoñación. Estos personajes imposibles están interpretados por Antonio de la Torre, Roberto Álamo, Diego Paris (con una vis cómica muy importante que da algo de coherencia a esta incoherencia que es la película) y Andrés Lima.

El producto se basa en el derroche de creatividad guionizada sin límites, pero también sin medios, lo que en palabras del director es un gran y apasionante reto, pero que puede acabar en muchos de los casos en un resultado catastrófico. La creatividad sin cierto control no sirve de casi nada. Esta película, por ciertos elementos y peculiaridades muy puntuales no cae en ese abismo pero se queda justo en el borde. Tal vez si hubiera durado algo más de lo que dura o sin la incorporación de un humor absurdo algo reconocible se hubiera precipitado sin remedio a ese agujero.

viernes, 24 de diciembre de 2010

CARNE DE NEÓN

Paco Cabezas se atreve aquí con un género con el que pocos directores españoles se atreven a lidiar, el thriller de acción con personajes contextualizados en un ambiente de mala gente, tíos duros, de prostitución y la vida de la calle. Esto puede ser porque parecen creer que para esta empresa se necesitan unos medios más potentes como los que por ejemplo tienen las películas norteamericanas, y la historia parece darles en parte la razón, aunque siempre la creatividad y la originalidad pueden subsanar estas deficiencias. Aquí hay un quiero y casi puedo, pero se queda solamente ahí. La película tiene los mimbres adecuados para hacer una bonita cesta como los artesanos americanos pueden hacer, pero en el cómputo general notamos que falta algo.

En palabras de su director, es una trama de “hijos de puta” que en fondo tienen buen corazón. La trama es consistente, pero hay algunos momentos en el tercer cuarto en que se queda un poco suspendida y el interés del espectador decae considerablemente. Quizás un personaje un poco más original y con más presencia que el interpretado por Mario Casas podía haber mitigado este déficit de atención por parte del espectador con otros elementos positivos que ejercieran de “percha”. Por otro lado, el comienzo de la película sí funciona como un buen gancho que hace presagiar que podemos estar ante una película fresca y novedosa, con la presentación de todos sus personajes principales al estilo de “Ciudad de Dios”, con videocliperos flashbacks, sintetizados y muy dinámicos, poniendo a cuenta del espectador a personajes carismáticos y con fuerza, algunos rozando la parodia pero que encuadrados en el mundo de proxenetas, prostitutas y matones en el que se mueven, se nos aparecen como normales, ordinarios y lógicos, pero a los que le faltan un plus de originalidad y frescura en sus diálogos. Uno de los grandes logros de la película, y que le da cierto aire estadounidense (en el buen sentido de la palabra), son los grandes y muy conseguidos efectos especiales que se utilizan en las escenas de acción, muy bien hechas y planteadas con una eficiencia inusitada en films españoles, una grata mejora iniciada ya en películas como "Rec" de Paco Plazas y Jaume Balagueró.

Respecto a las interpretaciones me es imprescindible resaltar la gran labor de Dámaso Conde, como el personaje travesti del film, que aporta muchos de los puntos cómicos y distendidos de la trama; así como la actuación breve pero rompedoramente vital de Ángela Molina como madre yonky y ex convicta del protagonista; también gran labor la que desempeña Darío Grandinetti, algo a lo que ya nos tiene acostumbrado, dando vida a una personalidad de las más calmadas pero amenazantes, en una versión sosegada del capo del negocio, que se contrapone siempre en estas películas a las sanguíneos y coléricos comportamientos de sus secuaces y empleados. Centrándonos en el protagonista, volvemos a ver como ya estamos acostumbrados en este último año, a Mario Casas, algo titubeante pero que no lo hace mal del todo.

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