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martes, 21 de abril de 2015

MURIERON POR ENCIMA DE SUS POSIBILIDADES



Cinco ciudadanos de un país sospechosamente parecido al nuestro, ven destrozadas sus vidas por la crisis económica. Sin nada ya que perder, elaboran un enloquecido plan para salvar la economía española y mundial: secuestrar al presidente del Banco Central y exigirle que todo vuelva a ser como antes.

Isaki Lacuesta pretende aquí hacer una radiografía de la sociedad actual española, haciendo hincapié en la crisis económica y moral que asola nuestro país, bajo la estructura de una comedia de secuestros alocada y de diseño punk. Es este un producto que dejará satisfecho a quienes tengan ansias de venganza, aunque haciendo un análisis más detenido encontramos fallas incluso en su objetivo. El film se me antoja ciertamente como una metáfora de Podemos, un intento de lograr hacer lo que se tiene que hacer, que se desmonta poco a poco por sus propios deméritos. Realmente lo más atractivo de la propuesta son dos discursos, por un lado el que da Albert Plá cuando trazan el plan a realizar después de salir de la cárcel, y por otro lado el de Jose María Pou, el uno encarnado al brazo armado que debería despertarse en España dada nuestra situación, y el otro la realidad de la complejidad que a todas luces es insalvable de desmontar todo este sistema que nosotros hemos creado desde hace tiempo. La acción, sin embargo, se vuelve alocada y sin ningún tipo de fundamento, con momentos que pueden crear simpatía pero que en general produce un efecto de tren descarrilado.

Por otro lado, es todo un ejercicio de metacine el poder contemplar a tanta estrella patria junta en un intento desesperado por dar voz a un mensaje, montándose al primer carro que han visto en ese sentido. Entre estos nombres encontramos gente del nivel de Carmen Machi, Imanol Arias, Ángela Molina, Luis Tosar, Emma Suárez, Eduard Fernández, Sergi López, José Coronado o José Sacristán. Realmente es un grito rabioso de dar voz a un sentimiento, pero han elegido el altavoz equivocado. En este mismo ejercicio de metacine lo más destacable es la aportación del estrambótico e indefinible Albert Plá, que además de hacer un discurso a su imagen y semejanza, crea gran parte de las canciones del film, incisivas y en un tono melancólico y a la vez agresivo muy elocuente. El quintento de protagónicos, aunque en algunos momentos con historias particulares curiosas y que pueden crear empatía, se disuelven un poco como conjunto, con un novel Iván Telefunken que está descafeinado, al igual que Raúl Arévalo, que nos tiene acostumbrados a un talento mayor. Mi puntuación: 4 sobre 10. “Murieron por encima de sus posibilidades” se estrena el viernes 24 de abril en las salas españolas.

Crítica de Héctor Izquierdo.

sábado, 14 de abril de 2012

MIEL DE NARANJAS


Andalucía, años cincuenta. Enrique (Iban Garate) y Carmen (Blanca Suárez) acaban de conocerse y se enamoran profundamente. Carmen consigue que él se quede a prestar el servicio militar en un juzgado de la ciudad. Enrique, a la vista de las injusticias que presencia cada día, se da cuenta de que para cambiar el rumbo de las cosas tiene que actuar. Pronto se verá involucrado en arriesgadas acciones que pondrán en peligro su vida y la de sus compañeros.

Imanol Uribe vuelve a redundar de nuevo en el tema tan trillado por los cineastas españoles como la Guerra Civil, por suerte, el tratamiento es correcto y bastante adecuado en cuanto a su ejecución, pero el haber visto tantas veces esta historia merma de por sí las virtudes de la película. Las secuencias están bien elegidas y se justifican por sí mismas, pero la historia es bastante lineal, y aunque emocionalmente potente, nos la han contado tantas veces que es difícil que nos sorprenda y por ende que entremos sin prejuicios en la sala de cine. La poca originalidad y ese regusto a redundancia es el peor enemigo de la película. También se echa en falta haber incidido más en la relación entre Enrique y Carmen, al descubrir ambos que forman parte de un mismo movimiento de rebelión que se estaban ocultando, como si fueran los Mr.Smith de la Guerra Civil pero en el mismo bando.

Uno de sus puntos fuertes se encuentra en la elección del reparto. El descubrimiento de Iban Garate (“Arriya”) es notable, aunque no acaba de despuntar en su totalidad: tiene momentos en los que parece dejar huella, pero se diluye en otros. La que siempre deslumbra y sigue demostrando que siempre es una fantástica opción tanto para un papel protagonista como secundario es Blanca Suárez, dando vida al elemento femenino de la pareja protagonista, una mujer fuerte y decidida encarnada de forma muy verosímil; solamente el peinado sería casi suficiente para creérnosla como una mujer luchadora de esa época, pero no defrauda en su interpretación. La elección más controvertida la tenemos en Karra Elejalde como juez del destacamento militar. Parece que Juan Diego en “El 23-F” y Eduard Fernández en “La princesa de Éboli” han sentado el precedente de dotar de una voz quebrada y suave a personajes déspotas y despiadados, para hacerlos aún más despreciables y lograr un efecto más emocional. El papel de Carlos Santos que es un caramelo para todo actor, pasando por diferentes estados en poco tiempo y siendo un gran catalizador de la acción de varios de los protagonistas (lo dejaremos ahí, para no dar demasiados spoilers). Acompañan en el reparto actores consagrados como el ya citado Eduard Fernández, Antonio Dechent, Ángela Molina (sorprendentemente  poco creíble) o Bárbara Lennie, una actriz, que como leí hace poco, hace mejor cualquier película con su sola aparición.

viernes, 24 de diciembre de 2010

CARNE DE NEÓN

Paco Cabezas se atreve aquí con un género con el que pocos directores españoles se atreven a lidiar, el thriller de acción con personajes contextualizados en un ambiente de mala gente, tíos duros, de prostitución y la vida de la calle. Esto puede ser porque parecen creer que para esta empresa se necesitan unos medios más potentes como los que por ejemplo tienen las películas norteamericanas, y la historia parece darles en parte la razón, aunque siempre la creatividad y la originalidad pueden subsanar estas deficiencias. Aquí hay un quiero y casi puedo, pero se queda solamente ahí. La película tiene los mimbres adecuados para hacer una bonita cesta como los artesanos americanos pueden hacer, pero en el cómputo general notamos que falta algo.

En palabras de su director, es una trama de “hijos de puta” que en fondo tienen buen corazón. La trama es consistente, pero hay algunos momentos en el tercer cuarto en que se queda un poco suspendida y el interés del espectador decae considerablemente. Quizás un personaje un poco más original y con más presencia que el interpretado por Mario Casas podía haber mitigado este déficit de atención por parte del espectador con otros elementos positivos que ejercieran de “percha”. Por otro lado, el comienzo de la película sí funciona como un buen gancho que hace presagiar que podemos estar ante una película fresca y novedosa, con la presentación de todos sus personajes principales al estilo de “Ciudad de Dios”, con videocliperos flashbacks, sintetizados y muy dinámicos, poniendo a cuenta del espectador a personajes carismáticos y con fuerza, algunos rozando la parodia pero que encuadrados en el mundo de proxenetas, prostitutas y matones en el que se mueven, se nos aparecen como normales, ordinarios y lógicos, pero a los que le faltan un plus de originalidad y frescura en sus diálogos. Uno de los grandes logros de la película, y que le da cierto aire estadounidense (en el buen sentido de la palabra), son los grandes y muy conseguidos efectos especiales que se utilizan en las escenas de acción, muy bien hechas y planteadas con una eficiencia inusitada en films españoles, una grata mejora iniciada ya en películas como "Rec" de Paco Plazas y Jaume Balagueró.

Respecto a las interpretaciones me es imprescindible resaltar la gran labor de Dámaso Conde, como el personaje travesti del film, que aporta muchos de los puntos cómicos y distendidos de la trama; así como la actuación breve pero rompedoramente vital de Ángela Molina como madre yonky y ex convicta del protagonista; también gran labor la que desempeña Darío Grandinetti, algo a lo que ya nos tiene acostumbrado, dando vida a una personalidad de las más calmadas pero amenazantes, en una versión sosegada del capo del negocio, que se contrapone siempre en estas películas a las sanguíneos y coléricos comportamientos de sus secuaces y empleados. Centrándonos en el protagonista, volvemos a ver como ya estamos acostumbrados en este último año, a Mario Casas, algo titubeante pero que no lo hace mal del todo.

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